Buscar en este blog

sábado, 3 de julio de 2010

4tos: No llores por mi...Argentina 0-4 Alemania







Alemania le pegó un baile descomunal al equipo de Maradona. Le hizo cuatro goles y le pudo haber hecho seis. Le hizo, finalmente, precio, como decimos en la Argentina. Una lección de fútbol entregó el conjunto alemán. No le dejó ninguna posibilidad. Lo maniató. Lo liquidó futbolísticamente.

Nos quedamos sentados, esperando a Messi.

El propio Maradona conspiró contra el futbolista genial del Barcelona. No le puso nunca a Verón, el único eventual socio que tuvo en su recorrido por la Copa en Sudáfrica.

Jamás apareció Messi. La figura fue Sebastian Schweinsteiger, descomunal, soberbio y extraordinario.

Hubo una ilusión, obviamente.

El problema es que la ilusión se cimentó en falsas visiones producidas por equipos de tercer orden, como los que enfrentó en la primera fase, o en errores arbitrales, en ocasión del partido con México.

Argentina jamás –en la era Maradona- fue una expresión colectiva.

Aquí, en Sudáfrica, quedó total, absoluta y definitivamente clara la cuestión.


El rey y sus hombres estuvieron siempre desnudos. Cualquiera con mirada de niño hubiera podido señalarlo.

No vieron aquellos que no quisieron ver.

Maradona apeló todo el tiempo al sentimentalismo. O no lo entendieron o no le creyeron. O no lo escucharon, o simplemente, no alcanza.

No alcanza con ser mito para transmitir confianza. Menos para transpolar conocimiento.

Los goleadores, los “milagros” al estilo “traeme a Palermo” sólo tuvieron lugar frente a rivales débiles.

No alcanza con ser Maradona para motivar.

Argentina jamás tuvo coordinación de movimientos.

Fue un absoluto intento en solitario, uno por uno.

Fue, a imagen y semejanza de su entrenador, sólo voluntad.

Por eso la distorsión de los dichos en la conferencia.

Por eso la creencia de que Argentina jugó “el fútbol que le gusta a la gente”.


A la gente de Alemania.

Fue paupérrimo lo de Argentina frente a los alemanes. Pero Maradona, en su mundo, quedó convencido de que las “cosas se hicieron bien”.

Se hicieron mal en el camino previo al recorrido, en la eliminatoria. Se hizo mal, probablemente, la elección. El mayor problema que tuvo el equipo aquí en Sudáfrica fue la carencia de juego en los medios.

Quedó fuera de la lista un mediocampo completo (Zanetti, Cambiasso y Riquelme). El técnico privilegió “el grupo”. Pues no dio resultado, lamentablemente.

Maradona es estado de emoción violenta en estado permanente.

Por eso, el que apareció en la conferencia de prensa, sigue siendo el mismo que derramó lágrimas en la final de Italia 90. Sigue siendo jugador.

Lo dijo Tevez: “es uno más de nosotros”.

El entrenador no puede ser “uno más del grupo”.

Debe estar por encima.

Nunca se vio un entrenador.

Se creyó en Maradona. Parte del mundo futbolístico en la Argentina decidió creer en Diego por lo que fue.

Hubo una parte de la crítica que le observó algunas cuestiones.

Jamás fue escuchada por quienes tomaron las decisiones y uno los entiende a esos mismos que las tomaron.

Julio Grondona puso en práctica lo que miles han declamado: darle la posibilidad a Maradona.

Darle la chance que se ganó como jugador.

Grondona lo hizo.

Y creo que nada puede reprochársele.

El problema es que, a mi juicio al menos, ha quedado claro que no está en condiciones de conducir.

El primer partido en serio lo perdió.

Y 4-0. Y si uno hace el ejercicio de repasar los “partidos en serio” que jugó los perdió casi todos, excepto aquel del Centenario.









Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil en Rosario, todos argumentos que la realidad fue entregando como para que no existieran elementos esperanzadores.

Sólo que se trata de fútbol. Y en fútbol suelen aparecer los momentos irrepetibles por lo ilógico. Uruguay y ese final de película con Ghana pueden dar fe de ello.

Argentina llegó lejos en el Mundial, si uno considera lo que era como expresión colectiva de juego.

Lo hizo a caballo de sus goleadores extraordinarios, pero fundamentalmente, por las carencias de aquellos que enfrentó hasta llegar a Alemania.

Los dirigidos por Löw pusieron -hay que decirlo con todas las letras- las cosas en su lugar.

Hubo esa diferencia entre los dos equipos.

Se fue Brasil.

Ha marchado la Argentina.

El primero, producto de sus errores, no rematar ante los caídos holandeses.

Argentina, porque no era lo que el “Mundo Maradona” -y sus acólitos- creyeron.

Lección de fútbol recibió Maradona.

Lección de juego recibió el equipo.

Sólo queda ponerse a trabajar lo más rápido posible.

Habrá que seguir esperando hasta el 2014 por Messi y por todos los demás


El equipo de Maradona perdió porque se enfrentó a un rival más serio, que sacó partido de todas las carencias que hasta ahora habían quedado tapadas por su contundencia ofensiva, por la potencia de su delantera, auténtica dinamita que había desarbolado a todos sus rivales sin necesidad de orden táctico, de disciplina.

Pero contra Alemania eso no fue suficiente. Las estrellas albicelestes no brillaron. Messi anduvo menos presente y el equipo se derrumbó como un castillo de naipes, como un gigante con los pies de barro. Cuando falló la pegada, no había nada para suplirlo.

Perdió un partido que se puso cuesta arriba desde el minuto 3, cuando Müller, el joven jugador que hace cuatro meses Maradona había confundido con un recogepelotas y que ya lleva cuatro tantos en este Mundial, anotó el primero de la tarde en el minuto tres. No obstante, Muller no marcará en las semifinales, porque vio una amarilla que le impedirá jugar esa ronda.

El marcador en contra pesó como una losa. Argentina descubrió una situación inédita, desconocida para un equipo acostumbrado a remar a favor de corriente, arriba en el marcador y no a verse con prisas, urgencias y obligaciones.

En ese contexto nada funcionó. El equipo empujó con brío, con el corazón que tanto les ha pedido su seleccionador, pero sin orden. Fue una ofensiva apasionada pero tan ineficaz como contundentes habían sido las de los partidos anteriores.





Intentos...

Quien más lo intentó fue Ángel di María, el mejor de su equipo, el más activo en la incorporación al ataque, más acertado que en los partidos anteriores. Dejó en el césped su mejor versión, tanto cuando comenzó por la izquierda, su puesto natural, como cuando se desplazó a la derecha para buscar soluciones al marcador en contra.

Messi apareció menos, perdido en la maraña alemana, obligado a bajar a buscar el balón muy lejos de la portería, donde no se puede ser letal, donde su magia pierde poder y su influjo en el juego es menos determinante.

Tévez le puso genio pero poco más e Higuaín participó menos en el juego.

Fue poca la propuesta argentina. Media docena de jugadas que apenas llegaron a despeinar la tela tejida por Joachin Löw.

Lo intentaron desde lejos pero sin fuerza, trataron de entrar en el área pero sin acierto. Se estrellaron una y otra vez. Y Messi no aparecía.







Hundidos...

Impotente, sin respuestas, Argentina se conformó con dominar pero sin crear grandes ocasiones, mientras Alemania acechaba, aguardaba en sus cuarteles de invierno a que la albiceleste dejara sus huecos.

Los tuvo la "Mannschaft", que volvió a demostrar que a la contra es una máquina bien engrasada. Pudo marcar Klose tras una brillante jugada de Müller. Y el propio Müller a pase de Lahm.

Sus ocasiones eran más claras que las argentinas, pero la intensidad la ponían los albicelestes.


En el segundo tiempo buscaron más el gol, con más ahínco, pero con el mismo desacierto. Su empuje rompió el partido, lo hizo de ida y vuelta, sin rumbo, a la merced de cualquiera, un correcalles sin sentido que dejó los minutos más atractivos y emocionantes

Del intercambio de golpes salió beneficiada Alemania, la que tenía un poco más de orden y clarividencia.

En el minuto 68 Müller demostró que está enchufado en el Mundial y, desde el suelo, acertó a servir a Podolski que se internó en el área para centrar a un Klose que marcó libre de marca.

Sonora despedida...

El segundo tanto acabó por quebrar a Argentina. Sólo quedaba la heroica, lanzarse a por todas a la desesperada. Pero Alemania no dio tiempo a Argentina a preparar la respuesta. Siete minutos más tarde Schweinsteiger dejó sentados a cuantos defensas albicelestes le salieron al paso y sirvió para que Friedrich sentenciara el encuentro.

Todavía tuvo tiempo de marcar el cuarto Klose en otra jugada al contragolpe, lo que le deja a las puertas de ser el máximo goleador de toda la historia de los Mundiales.


Era la sentencia a una selección argentina que sucumbió de alto, con estrépito, desarbolada por un equipo ordenado que se mete entre los cuatro mejores del mundo y presenta su candidatura a más, nadie sabe a cuanto más, porque su juventud llena de incertidumbre su suerte.

A tanto como aspiraba hasta ahora la Argentina de Maradona, que vio como sus estrellas dejaban de brillar el día más necesario.


EL ARBITRAJE

Bastante flojo por parte del uzbeko Ravshan Irmatov, porque si bien no influyó en nada en el resultado del partido, sí fue bastante consentidor con los argentinos con las tarjetas; permitió que le reclamaran airadamente en todo momento y también dejó sin amonestación a jugadores que cometieron fuertes entradas, incluidos los alemanes.

Ficha técnica:

0- Argentina: Sergio Romero; Nicolás Ottamendi (Javier Pastore, m.70), Nicolás Burdisso, Martín Demichelis, Gabriel Heinze; Maxi Rodríguez, Javier Mascherano, Ángel di María (Sergio Agüero, m.75); Lionel Messi; Carlos Tévez y Gonzalo Higuain.

4- Alemania: Manuel Neuer; Philipp Lahm, Per Mertesacker, Arne Friedrich, Jerome Boateng (Jansen m.72); Sami Khedira (Kroos m.77), Bastian Schweinsteiger; Thomas Müller (Trochowski, m.84), Mesut Özil, Lukas Podolski; Miroslav Klose

Goles: 0-1, m.3: Müller; 0-2, m.68: Klose; 0-3, m.74: Friedich; 0-4, m.89: Klose

Árbitro: Ravshan Irmatov (UZB), amonestó a los argentinos Mascherano y Otamendi y al germano Müller.

Incidencias: Encuentro de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica disputado en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo ante 64.100 espectadores, en presencia de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma. Antes del encuentro, los capitanes Javier Mascherano y Philipp Lahm leyeron una declaración en contra del racismo.








<a href="http://msn.foxsports.com/fslasc/video?vid=63e1203b-7cb6-4ee9-bd89-e345e379deef" target="_new" title="">Argentina volvió a caer en cuartos de final (Primera parte)</a>
<a href="http://msn.foxsports.com/fslasc/video?vid=0cb7e4a0-a4b4-4b7f-9f63-fe1d1888cc4d" target="_new" title="">Argentina volvió a caer en cuartos de final (segunda parte)</a>

No hay comentarios:

Publicar un comentario