Uruguay, Holanda, Alemania y España se enfrentarán por su pase a la final del Mundial. Para Juan Carlos Vizcarra, la ‘Furia Roja’ es el favorito para campeonar en Sudáfrica. El conductor del programa Entre Titulares de CMD le tiene fe al equipo de Villa, Casillas y el ‘Niño’ Torres.
“A mí me gustaría que España clasifique a la final por la intención que tiene para jugar al fútbol. Aunque Alemania es un equipo difícil y lo demostró contra Argentina, sigo pensando que su defensa no es tan segura como parece”, le dijo desde Sudáfrica.
Vizcarra, además, destacó que los alemanes saldrán a buscar el triunfo y que le darán espacios a los españoles. “Creo que la final será entre España y Holanda. Todos, como sudamericanos, apostamos por la garra charrúa, pero Uruguay llegará muy cansado ante los holandeses”, explicó.
El periodista, por otro lado, lamentó la eliminación de Argentina y Paraguay. “Es una pena lo que pasó, pero Maradona no tuvo respuestas dentro de la cancha y fue una mala noticia que los paraguayos no hayan clasificado: Larissa Riquelme se iba a desnudar (risas)”, recalcó.
Vizcarra también reconoció que Inglaterra, Brasil y Argentina eran sus candidatos para las semifinales. “Se me cayeron, pero espero ver a España en la final. Ojalá campeone”, comentó.
Habrá que esperar para saber si el conductor de CMD acierta en su pronóstico mundialista
Larissa Riquelme ha puesto el Mundial de cabeza, luego de que prometiera desnudarse si Paraguay clasificaba a las semifinales de Sudáfrica 2010. Es decir, si su selección lograba vencer a España. Al final, no se dio y la Novia del Mundial terminó llorando.
Larissa observó el partido en una plaza de Asunción, donde se habilitaron pantallas gigantes para el público. Con su ya famoso celular, la paraguaya acaparó las miradas de todos. La novedad: ¡ahora tiene publicidad en el pecho! ¿Habrá más avisos en otras áreas de su anatomía?
Luego de la eliminación de Paraguay a manos de España, la tristeza embargo a más de uno, pero no precisamente por el hecho de dejar de ver a los dirigidos por Gerardo Martino en semifinales. Lamentablemente, la eliminación paraguaya determinaba que Larissa Riquelme no cumpla con su promesa de desnudarse si los guaraníes avanzaban a semifinales.
“En este momento hay que estar con la frente en alto a pesar de la eliminación. Creo que la selección tuvo su punto más alto y estoy seguro que en el 2014 lo vamos a lograr”, dijo Larissa a RPP desde Asunción.
Finalmente, Larissa reafirmó que arribará al Perú próximamente, pero aún no sabe la fecha exacta de su visita.
No podía ser otro, ni de otra forma. Está cuajando un Mundial de ensueño, como en la Eurocopa. David Villa acabó, con suspense y a poco del final, con el maleficio de la selección española, y su gol la dio el pase a semifinales del Mundial y acabó con el sueño de una Paraguay que fue un rival más que rocoso y que rozó también seguir en el torneo.
Era un momento para la gloria, hispana y guaraní. Todo por un sueño. Los paraguayos se presentaban por primera vez en estas instancias y España pretendía derribar el muro de los cuartos.
Y después de mucho sufrimiento, hasta de angustia y zozobra por momentos, Villa culminó una espléndida jugada de Andrés Iniesta con disparo previo al poste de Cesc Fábregas. El remate del asturiano dio en el otro palo, pero el suyo finalmente entró.
El cuarto puesto de Brasil'50, edición en la que se disputó una liguilla, era la mejor actuación de España en los Mundiales. Desde entonces se encadenaron decepción tras decepción para la 'roja'. Ahora, 60 años después, iguala cuanto menos esa actuación a la espera de disputar la gran semifinal ante Alemania, verdugo de Argentina.
Vicente del Bosque confió en el once inicial de los partidos frente a Chile y Portugal. No quería tocar lo que había funcionado y encima iba a más a lo largo del torneo.
Mientras tanto, Gerardo Martino apostó por Óscar Cardozo como referencia en ataque y por el veloz Nelson Haedo Valdez a su espalda, así como por un poblado centro del campo.
Hubo presión adelantada...
El técnico argentino del cuadro guaraní planteó una presión muy adelantada para anular la salida de balón española y con constantes ayudas. Bloqueó casi por completo a la 'roja', en esta ocasión de azul marino, que careció de precisión y fluidez para hacer realmente daño ante el meta del Valladolid Justo Villar.
Jonathan Santana dio el primer aviso a Iker Casillas antes de cumplirse el primer minuto. Era la advertencia de Paraguay de que, pese a plantear una disposición defensiva, de contención, pensaba plantar batalla a la zaga española a la mínima que pudiera.
De hecho en el primer periodo Paraguay fue la que incomodó más en los últimos metros. Tampoco mucho, pero algo más que la selección española, cuya producción atacante se vio reducida a intentonas en solitario de David Villa, una escapada sin final de Fernando Torres y a un disparo desde fuera del área de Xavi Hernández que salió por encima del larguero.
El cuadro de Del Bosque, aún dominando claramente la posesión del esférico, no encontraba el camino en medio de una espesura por momentos desesperante.
Incluso se llevó poco antes del descanso un susto cuando Valdez batió a Iker Casillas tras un pase en profundidad, pero el colegiado lo anuló por fuera de juego de Cardozo, que hizo inicialmente intención de buscar el balón.
Aunque España pareció mejorar en la salida del segundo tiempo Del Bosque no tardó en llamar a Cesc Fábregas en busca del rescate, pero su salida coincidió con los minutos de frenesí y locura del encuentro, con dos penaltis que Iker Casillas, primero a disparo de Cardozo, y Justo Villar, a tiro de Xabi Alonso, abortaron con sendas paradas.
Xabi Alonso lo marcó inicialmente, pero el colegiado guatemalteco Carlos Batres lo mandó repetir. El madridista cambió su disparo de lado y Villar se lo adivinó. El árbitro, en cambio, no vio una nueva pena máxima tras el rechace del meta paraguayo a Cesc.
El partido se enloqueció...
Estas acciones enloquecieron el partido. Se abrió. Paraguay pasó del mazazo a la alegría y España se descompuso algo, con lo que creció también hacia delante. Las ocasiones, aún siendo más numerosas para los de Del Bosque, llegaron en ambas áreas.
También entraron en escena Santa Cruz, en el bando 'albirrojo', e incluso Pedro Rodríguez, el goleador talismán del Barça, en el español, y en el intercambio de llegadas llegó la magnífica internada de Iniesta, el disparo al palo de Cesc Fábregas y la culminación de Villa.
Quedaban siete minutos por delante, siete minutos hacia la ilusión y de inquietud, porque Paraguay quemó todos los cartuchos con Cardozo, Santa Cruz y Lucas Barrios.
Estos dos últimos tuvieron la ocasión del empate pero Iker Casillas salvó por partida doble, aunque también tuvo su opción poco después Villa para cerrar la contienda.
Paraguay se plantó con un 4-4-2 bien sólido, incluso con Darío Verón incrustado como un lateral derecho sin salida, condenado a no pasar el medio campo en jugada y que acababa siempre formando una muralla de tres centrales. Líneas bien marcadas y búsqueda constante de contragolpe, tratando de transitar la pelota lo menos posible.
En tanto, España, partiendo del mismo 4-4-2 tomaba otra forma al momento de atacar, intentando siempre quedar al menos 3-4-3, con líneas adelantadas pero teniendo mucha precaución de no estar mal parado atrás. El objetivo totalmente opuesto, la posesión de la pelota, como siempre, era su prioridad y todos trabajan para lograrla, desde el portero hasta el “9”.
Paraguay no se anduvo con rodeos para demostrarle a España que no sería presa fácil. Al minuto de juego, Santana ya había disparado a gol en el borde del área y obligado a Casillas a probar el césped tirándose sobre su izquierda.
Luego el partido tomó su curso natural con lo que ambos equipos tenían planeado. España tomó la pelota y Paraguay, bien parado atrás, buscaba acortar lo más posible el traslado, buscando centros desde tres cuartos de cancha para complicar el regreso de los centrales, poniéndoles el balón a sus espaldas.
Por ahí algunas jugadas de Villa y Torres por las bandas, que quedaban al filo de ser peligrosas, levantaban a la gente de sus asientos pero sólo para acabar aplaudiendo los excelentes relevos y cortes defensivos de los paraguayos, sobre todo de Paulo da Silva que daba cátedra en la central. Al 28’ vino la primera realmente importante cuando Xavi dio bonita media vuelta, prendió el balón en el aire afuera del área y aunque caía con violencia, pasó rozando el travesaño.
El dominio ibérico era consentido por los guaraníes que en el cierre del primer tiempo demostraron que su menor tenencia no iba en relación directa con la peligrosidad, pues al 40' Nelson Valdéz mandó la pelota a las redes luego de un gran centro desde tres cuartos de cancha, pero el abanderado había invalidado la acción por un fuera de juego apretado pero existente, pues si bien el que anotó no estaba adelantado, Cardozo, que hizo por la pelota, sí arrancó en mala posición.
Todavía al 45’ en un buen despliegue individual, Nelson Valdez encontró el espacio para disparar tras quitarse a Ramos de encima y cuando había llenado la mayoría de los papeles para anotar, se llenó de pelota y mandó su remate a las tribunas.
Y tal vez falten palabras para describir lo que se desencadenó en el segundo tiempo que si bien empezó con la misma tónica y lucha de pulsadas que en la primera mitad, al minuto 56’ se volvió loco, sufrió algo como un ataque de epilepsia, como si le hubieran apretado un botón que lo puso de cabeza unos minutos.
Todo empezó con, y permítase el término, una guarrada de Piqué. Si bien el juego estaba difícil y el rival era desesperante por su tenacidad, no era para cargarse encima todo con una estupidez. Y a Piqué la vida le importó un comino cuando en un córner de lo más rutinario se colgó del brazo de Cardozo con terquedad cínica. Un penal claro y bien marcado que parecía meter al favorito en el abismo de la desesperación.
Pero este Mundial irreverente no deja que te atengas a nada. Por eso antes de meter a España en un abismo, había un trámite que cumplir y nadie en Sudáfrica ha tenido suerte con la burocracia. Por eso, cuando Cardozo cobró potente no logró engañar a Casillas que le detuvo el disparo con la virtud más importante de no dar rebote a pesar del balazo.
El juego estaba en plena epilepsia y en la siguiente jugada Villa se metió al área paraguaya por primera vez en todo el partido con ventaja, Alcaraz lo entre que cargó y trompicó por atrás para que Batres, resoplando y todo marcara el penal ahora en otra área. ¿España ahora tiene el triunfo en la bolsa? No, espérense que faltaba mover la pizarra, porque si bien en un primer intento Xabi Alonso la metió con maestría engañando a Villar, el Árbitro Central sacó lo concakafkiano y por un dedo gordo que invadió el área, repitió el cobro.
No habría benevolencia del destino, ahora Xabi cambiaba de lado y estilo y el portero le detenía el disparo, armándose una melé en el área chica en la que Villar parecía trabar a Cesc que tenía el contrarremate… no, ya no, estuvo bueno de penales por hoy.
El juego se recuperó de la catarsis. El ataque epiléptico paró y se fue recobrando la cordura. Volvía la tónica de estilos encontrados, con algunos arrebatos en las áreas gracias a sendos disparos Xavi e Iniesta que se quedaban al filo del gol.
Y ahí andaba el juego cuando con un taquito Xavi rompió la línea del medio campo y dejó a Iniesta de frente para arrancar al área. El “Fantasmita” llegó a la media luna, jaló dos hombres y tocó para Pedro que disparó cruzado… ¿quería el gol España?, había que insistir, porque la pelota pegó en el palo, le cayó a David Villa que controló y disparó hacia el otro costado donde de nuevo el esférico fue a la madera, recorrió la línea, pegó en el otro poste y ¿gol? ¿sí? ¿en serio? Sí, al fin el 1-0 llegó al 82’ con una explosión de júbilo en el Ellis Park y un festejo de Villa espectacular.
Todavía Paraguay provocó algunos microinfartos en la Península Ibérica, pues al 88’ Lucas Barrios consiguió entrar al área y sacar un balazo que soltó Casillas y cayó a los pies de Roque Santa Cruz, quien parecía tener el empate en bandeja, pero no pudo vencer a Iker y le estrelló la pelota en la pierna derecha, sentenciando la victoria española en un partido rebelde e inolvidable.
ARBITRAJE
Regular del guatemalteco Carlos Batres, que a pesar de empezar muy concentrado y con varios aciertos, también tuvo errores en medio de la vorágine en la que cayó el juego en el segundo tiempo. Anuló al 40’ una jugada en la que Nelson Valdez mandaba la pelota a las redes, y aunque Cardozo que era el que estaba adelantado no alcanzó a tocar el esférico antes de la conclusión, sí hizo por la pelota.
Pero cuando repitió el penal que anotó Xabi Alonso pareció realmente exagerado y luego, cuando se lo detuvieron en el segundo cobro, se comió lo que era una trabada de Villar sobre Cesc al intentar tapar el contarremate y ameritaba un nuevo penal que ya no quiso marcar. Eso sí, los dos penales los cobró bien y no anduvo tan mal con las tarjetas.
Ahhh.... y se va a enojar FIFA. De nuevo una repetición polémica en las pantallas. La trabada de Villa sobre Cesc la vio todo el Ellis Park.
1 - España: Iker Casillas; Sergio Ramos, Piqué, Puyol (Marchena, m.84), Capdevila, Busquets, Xabi Alonso (Pedro, m.75), Iniesta, Xavi, Villa y Fernando Torres (Cesc, m.56).
Gol: 0-1, M.83: Villa.
Árbitro: Carlos Batres (GUA). Amonestó a Piqué (m.58), Cáceres (m.59), Alcaraz (m.59), Busquets (m.63), Morel (m.71) y Santana (m.87)
Incidencias: Partido de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010 disputado en el estadio Ellis Park de Johannesburgo ante unos 55.000 espectadores. Antes de iniciarse el partido Justo Villar e Iker Casillas, capitanes de Paraguay y España, leyeron un manifiesto contra el racismo y la discriminación.
Alemania le pegó un baile descomunal al equipo de Maradona. Le hizo cuatro goles y le pudo haber hecho seis. Le hizo, finalmente, precio, como decimos en la Argentina. Una lección de fútbol entregó el conjunto alemán. No le dejó ninguna posibilidad. Lo maniató. Lo liquidó futbolísticamente.
Nos quedamos sentados, esperando a Messi.
El propio Maradona conspiró contra el futbolista genial del Barcelona. No le puso nunca a Verón, el único eventual socio que tuvo en su recorrido por la Copa en Sudáfrica.
Jamás apareció Messi. La figura fue Sebastian Schweinsteiger, descomunal, soberbio y extraordinario.
Hubo una ilusión, obviamente.
El problema es que la ilusión se cimentó en falsas visiones producidas por equipos de tercer orden, como los que enfrentó en la primera fase, o en errores arbitrales, en ocasión del partido con México. Argentina jamás –en la era Maradona- fue una expresión colectiva.
Aquí, en Sudáfrica, quedó total, absoluta y definitivamente clara la cuestión. El rey y sus hombres estuvieron siempre desnudos. Cualquiera con mirada de niño hubiera podido señalarlo.
No vieron aquellos que no quisieron ver.
Maradona apeló todo el tiempo al sentimentalismo. O no lo entendieron o no le creyeron. O no lo escucharon, o simplemente, no alcanza.
No alcanza con ser mito para transmitir confianza. Menos para transpolar conocimiento.
Los goleadores, los “milagros” al estilo “traeme a Palermo” sólo tuvieron lugar frente a rivales débiles.
No alcanza con ser Maradona para motivar.
Argentina jamás tuvo coordinación de movimientos.
Fue un absoluto intento en solitario, uno por uno.
Fue, a imagen y semejanza de su entrenador, sólo voluntad.
Por eso la distorsión de los dichos en la conferencia.
Por eso la creencia de que Argentina jugó “el fútbol que le gusta a la gente”. A la gente de Alemania.
Fue paupérrimo lo de Argentina frente a los alemanes. Pero Maradona, en su mundo, quedó convencido de que las “cosas se hicieron bien”.
Se hicieron mal en el camino previo al recorrido, en la eliminatoria. Se hizo mal, probablemente, la elección. El mayor problema que tuvo el equipo aquí en Sudáfrica fue la carencia de juego en los medios.
Quedó fuera de la lista un mediocampo completo (Zanetti, Cambiasso y Riquelme). El técnico privilegió “el grupo”. Pues no dio resultado, lamentablemente.
Maradona es estado de emoción violenta en estado permanente.
Por eso, el que apareció en la conferencia de prensa, sigue siendo el mismo que derramó lágrimas en la final de Italia 90. Sigue siendo jugador.
Lo dijo Tevez: “es uno más de nosotros”.
El entrenador no puede ser “uno más del grupo”.
Debe estar por encima.
Nunca se vio un entrenador.
Se creyó en Maradona. Parte del mundo futbolístico en la Argentina decidió creer en Diego por lo que fue.
Hubo una parte de la crítica que le observó algunas cuestiones.
Jamás fue escuchada por quienes tomaron las decisiones y uno los entiende a esos mismos que las tomaron.
Julio Grondona puso en práctica lo que miles han declamado: darle la posibilidad a Maradona.
Darle la chance que se ganó como jugador.
Grondona lo hizo.
Y creo que nada puede reprochársele.
El problema es que, a mi juicio al menos, ha quedado claro que no está en condiciones de conducir.
El primer partido en serio lo perdió.
Y 4-0. Y si uno hace el ejercicio de repasar los “partidos en serio” que jugó los perdió casi todos, excepto aquel del Centenario.
Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil en Rosario, todos argumentos que la realidad fue entregando como para que no existieran elementos esperanzadores.
Sólo que se trata de fútbol. Y en fútbol suelen aparecer los momentos irrepetibles por lo ilógico. Uruguay y ese final de película con Ghana pueden dar fe de ello.
Argentina llegó lejos en el Mundial, si uno considera lo que era como expresión colectiva de juego.
Lo hizo a caballo de sus goleadores extraordinarios, pero fundamentalmente, por las carencias de aquellos que enfrentó hasta llegar a Alemania.
Los dirigidos por Löw pusieron -hay que decirlo con todas las letras- las cosas en su lugar.
Hubo esa diferencia entre los dos equipos.
Se fue Brasil.
Ha marchado la Argentina.
El primero, producto de sus errores, no rematar ante los caídos holandeses.
Argentina, porque no era lo que el “Mundo Maradona” -y sus acólitos- creyeron.
Lección de fútbol recibió Maradona.
Lección de juego recibió el equipo.
Sólo queda ponerse a trabajar lo más rápido posible.
Habrá que seguir esperando hasta el 2014 por Messi y por todos los demás El equipo de Maradona perdió porque se enfrentó a un rival más serio, que sacó partido de todas las carencias que hasta ahora habían quedado tapadas por su contundencia ofensiva, por la potencia de su delantera, auténtica dinamita que había desarbolado a todos sus rivales sin necesidad de orden táctico, de disciplina.
Pero contra Alemania eso no fue suficiente. Las estrellas albicelestes no brillaron. Messi anduvo menos presente y el equipo se derrumbó como un castillo de naipes, como un gigante con los pies de barro. Cuando falló la pegada, no había nada para suplirlo.
Perdió un partido que se puso cuesta arriba desde el minuto 3, cuando Müller, el joven jugador que hace cuatro meses Maradona había confundido con un recogepelotas y que ya lleva cuatro tantos en este Mundial, anotó el primero de la tarde en el minuto tres. No obstante, Muller no marcará en las semifinales, porque vio una amarilla que le impedirá jugar esa ronda.
El marcador en contra pesó como una losa. Argentina descubrió una situación inédita, desconocida para un equipo acostumbrado a remar a favor de corriente, arriba en el marcador y no a verse con prisas, urgencias y obligaciones.
En ese contexto nada funcionó. El equipo empujó con brío, con el corazón que tanto les ha pedido su seleccionador, pero sin orden. Fue una ofensiva apasionada pero tan ineficaz como contundentes habían sido las de los partidos anteriores. Intentos...
Quien más lo intentó fue Ángel di María, el mejor de su equipo, el más activo en la incorporación al ataque, más acertado que en los partidos anteriores. Dejó en el césped su mejor versión, tanto cuando comenzó por la izquierda, su puesto natural, como cuando se desplazó a la derecha para buscar soluciones al marcador en contra.
Messi apareció menos, perdido en la maraña alemana, obligado a bajar a buscar el balón muy lejos de la portería, donde no se puede ser letal, donde su magia pierde poder y su influjo en el juego es menos determinante.
Tévez le puso genio pero poco más e Higuaín participó menos en el juego.
Fue poca la propuesta argentina. Media docena de jugadas que apenas llegaron a despeinar la tela tejida por Joachin Löw.
Lo intentaron desde lejos pero sin fuerza, trataron de entrar en el área pero sin acierto. Se estrellaron una y otra vez. Y Messi no aparecía. Hundidos...
Impotente, sin respuestas, Argentina se conformó con dominar pero sin crear grandes ocasiones, mientras Alemania acechaba, aguardaba en sus cuarteles de invierno a que la albiceleste dejara sus huecos.
Los tuvo la "Mannschaft", que volvió a demostrar que a la contra es una máquina bien engrasada. Pudo marcar Klose tras una brillante jugada de Müller. Y el propio Müller a pase de Lahm.
Sus ocasiones eran más claras que las argentinas, pero la intensidad la ponían los albicelestes. En el segundo tiempo buscaron más el gol, con más ahínco, pero con el mismo desacierto. Su empuje rompió el partido, lo hizo de ida y vuelta, sin rumbo, a la merced de cualquiera, un correcalles sin sentido que dejó los minutos más atractivos y emocionantes
Del intercambio de golpes salió beneficiada Alemania, la que tenía un poco más de orden y clarividencia.
En el minuto 68 Müller demostró que está enchufado en el Mundial y, desde el suelo, acertó a servir a Podolski que se internó en el área para centrar a un Klose que marcó libre de marca.
Sonora despedida...
El segundo tanto acabó por quebrar a Argentina. Sólo quedaba la heroica, lanzarse a por todas a la desesperada. Pero Alemania no dio tiempo a Argentina a preparar la respuesta. Siete minutos más tarde Schweinsteiger dejó sentados a cuantos defensas albicelestes le salieron al paso y sirvió para que Friedrich sentenciara el encuentro.
Todavía tuvo tiempo de marcar el cuarto Klose en otra jugada al contragolpe, lo que le deja a las puertas de ser el máximo goleador de toda la historia de los Mundiales. Era la sentencia a una selección argentina que sucumbió de alto, con estrépito, desarbolada por un equipo ordenado que se mete entre los cuatro mejores del mundo y presenta su candidatura a más, nadie sabe a cuanto más, porque su juventud llena de incertidumbre su suerte.
A tanto como aspiraba hasta ahora la Argentina de Maradona, que vio como sus estrellas dejaban de brillar el día más necesario. EL ARBITRAJE
Bastante flojo por parte del uzbeko Ravshan Irmatov, porque si bien no influyó en nada en el resultado del partido, sí fue bastante consentidor con los argentinos con las tarjetas; permitió que le reclamaran airadamente en todo momento y también dejó sin amonestación a jugadores que cometieron fuertes entradas, incluidos los alemanes.
Ficha técnica:
0- Argentina: Sergio Romero; Nicolás Ottamendi (Javier Pastore, m.70), Nicolás Burdisso, Martín Demichelis, Gabriel Heinze; Maxi Rodríguez, Javier Mascherano, Ángel di María (Sergio Agüero, m.75); Lionel Messi; Carlos Tévez y Gonzalo Higuain.
4- Alemania: Manuel Neuer; Philipp Lahm, Per Mertesacker, Arne Friedrich, Jerome Boateng (Jansen m.72); Sami Khedira (Kroos m.77), Bastian Schweinsteiger; Thomas Müller (Trochowski, m.84), Mesut Özil, Lukas Podolski; Miroslav Klose
Árbitro: Ravshan Irmatov (UZB), amonestó a los argentinos Mascherano y Otamendi y al germano Müller.
Incidencias: Encuentro de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica disputado en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo ante 64.100 espectadores, en presencia de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma. Antes del encuentro, los capitanes Javier Mascherano y Philipp Lahm leyeron una declaración en contra del racismo. Argentina volvió a caer en cuartos de final (Primera parte) Argentina volvió a caer en cuartos de final (segunda parte)